FRANKLIN DOMÍNGUEZ, Premio Nacional de Literatura (2003)
Por Jochi Muñoz
Mencionar el nombre de Franklin Domínguez es mencionar, sin dudas, el nombre de un hombre de teatro de

cuerpo entero: dramaturgo (el más prolífico, representado y traducido
de los dominicanos), actor (incluyendo radio, televisión y cine),
director, productor, docente...
Natural de Santiago de los
Caballeros (1931), donde organizaba veladas, demostrando ya, desde su
infancia, una marcada inclinación hacia las tablas. Se traslada a la
ciudad de Santo Domingo en su adolescencia, y tiene la oportunidad de
presenciar una obra de teatro por vez primera, hecho que marca de manera
indeleble el camino del que ya nunca se apartaría, escribiendo por ese
entonces su primera pieza.
Ingresa, en 1947, a la recién fundada
Escuela de Arte Dramático, dirigida por Emilio Aparicio, donde se gradúa
en 1949. Junto con otros compañeros forma, en 1952, el Cuadro
Experimental María Martínez.
Su intensa actividad teatral durante
su juventud no hace que descuide la formación en otros campos del
saber, ingresando a la Universidad de Santo Domingo, donde opta por el
título de Doctor en Derecho. Posteriormente, asiste a la Universidad de
Texas, donde estudia Dramaturgia con el profesor E. P. Conkle.
Astutamente,
Domínguez ha sabido conciliar su intensa vida artística con la no menos
agitada vida política. Llega a alcanzar en cinco oportunidades la
posición de Director General de Información y Prensa de la Presidencia
de la República, durante los gobiernos de Juan Bosch, Rafael Molina
Ureña, Francisco Alberto Caamaño Deñó, Héctor García Godoy y Antonio
Guzmán. Desempeña, en dos ocasiones*, la posición de Director General de
Bellas Artes, durante la administraciones de Antonio Guzmán y de Leonel
Fernández. Logra consolidar la actividad Marzo Teatral de Bellas Artes,
que mantuvo en sus gestiones al frente de esta Institución.
De
su quehacer artístico merece resaltarse sobremanera su rol de dramaturgo
que, como ya señaláramos, es el de más basta producción local:
alrededor de 70 obras teatrales, de las que se han representado más de
50; varias han sido publicadas, y de éstas, algunas traducidas al
inglés, francés, chino, sueco y papiamento, y representadas en estas
lenguas.**
Ha visto representar sus obras en numerosos países:
Estados Unidos, Venezuela, Puerto Rico, Aruba, Bélgica, Mónaco e Italia.
Con su obra
La Espera, se inaugura el teatro del Stephen’s College, en Columbia; y la pieza
Cuando los Héroes Quedaron Solos, es la primera obra dominicana presentada en nuestro Teatro Nacional.
Domínguez
ha expresado en reiteradas ocasiones que su preocupación principal al
escribir una obra es lograr una comunicación fluida con el público,
para, de esta forma, poder atraparlo. Con este afán, estructura sus
obras de manera asequible a todos, cuidando la calidad de los diálogos.
Señala que en sólo tres casos el texto no ha estado al alcance de todo
el auditórium. Así, de Omar y los Demás (que fue premiada en Italia), y del guión de la película La Silla, dice que el lenguaje es bastante filosófico, y de La Espera, que es muy denso.
En
su oficio de dramaturgo, Domínguez ha abordado los más diversos géneros
y fuentes temáticas. Así, transita con gracia por la comedia ligera: Mi Tía la Jamona, Que Buena Amiga es mi Suegra, La Broma del Senador; aborda la tragedia: La Espera, Omar y los Demás; se sumerge en el drama intenso: Los Borrachos, Los Actores, Bailemos ese Tango; de igual modo incursiona en el libreto para ópera: Anacaona; se solaza en escribir para la infancia: La Niña que Quería ser Princesa, Duarte entre los Niños; hace teatro musical: Solano, El Vuelo de la Paloma; ha hecho adaptaciones de novelas históricas: El Masacre se Pasa a Pie (de Freddy Prestol Castillo) y Los Carpinteros (de Joaquín Balaguer).
Un
punto a resaltar, de vital importancia en su variopinta producción, es
el hecho de haber sabido armonizar su doble condición de hombre de
teatro y hombre de política. De este modo, tanto de sus demonios
personales fruto de vivencias de determinadas situaciones
socio-políticas, como los de los vaivenes de los cargos gubernamentales
que ha ocupado, saca materia prima para componer sus piezas. Especial
mención merecen dos de ellas; en primer término, Espigas Maduras,
escrita en 1958 a su regreso de Texas, ofrece al auditórium un retrato
metafórico de la dictadura de Trujillo: Un padre tiránico que tiene
aterrorizados a sus hijos, y del cual sus amigos y relacionados se van
alejando. Con unos diálogos atrevidos para la época, los hermanos se
confabulan para lograr la eliminación física de su progenitor.
La segunda obra, Se Busca un Hombre Honesto,
trata sobre el derrocamiento de Juan Bosch (1963), en la que se ataca
abiertamente a los golpistas y se denuncia sarcásticamente las
consecuencias de esa acción. Esta pieza se estrena en los días del
golpe, y con ella se inicia Domínguez en la sátira política, teniendo su
secuela con Campaña Electoral, Se Busca un Hombre Deshonesto y Colón, Agua y Apagón.
Innumerables
han sido los reconocimientos y premios recibidos por Domínguez a lo
largo de su carrera como dramaturgo, tanto en el país como en el
exterior, pero en estas cuartillas sólo mencionaremos uno: el Premio Nacional de Literatura 2003,
otorgado por la Fundación Corripio y la Secretaría de Cultura. Con el
mismo no solamente se reconoce, con toda justicia, la labor de vida de
este hacedor de teatro, sino que la presea connota también un
reconocimiento al teatro dominicano en sí, y por ende, a todos aquellos
hombres y mujeres que por décadas han dejado su piel en el escenario y
tras bambalinas, al ejercer el oficio de actor, de técnico y/o de
producción, como en las aulas, al ejercer el oficio de forjadores de los
talentos de “cada entonces”. Y en Domínguez vemos la suma de esos
esfuerzos.
__________
*En la actualidad ocupa esta posición por tercera oportunidad.
** Datos vigentes hasta la fecha de publicación del texto en la revista El Monstruo del entremés, en 2003.